18/03/2016

El sacramento de la eucaristía – Capítulo 9

Dios no se deja «encerrar» en una oblea por medio de una fórmula que pronuncia un sacerdote, pues Él es el Espíritu Libre omnipresente que vivifica todas las formas de vida: seres humanos, animales, plantas, todo el cosmos. Por tanto Él no está encerrado en el denominado «sagrario» de una «casa de Dios» de las Iglesias. Jesús de Nazaret tampoco enseñó nunca que debemos construir edificios de piedra para que sirvan de «casa de Dios». Pero la Iglesia vaticana amenaza con castigos eternos en el infierno a quienes piensan de otra manera. Y conforme al derecho eclesial, el tratar una hostia de forma diferente a como ordena la Iglesia (lo que se conoce como «profanación de la eucaristía») es un sacrilegio mucho peor que el «abuso de menores». La enseñanza de la Iglesia sobre la eucaristía proviene en realidad de cultos paganos y de creencias caníbales. Las sencillas palabras de Jesús de Nazaret «Haced esto en conmemoración Mía» se convirtieron en un absurdo edificio de dogmas en torno a la oblea y el vino. Jesús, el Cristo, hizo referencia al compartir y al agradecer por los dones de la madre Tierra, lo que también nos enseñó. Esto se corresponde con «conmemorarle» a Él, y así se cumple también hoy Su voluntad. Jesús fue un hombre del pueblo, no de la Iglesia. Él no tiene nada que ver con la parafernalia intelectual eclesial, con los ritos y ceremonias y con todo el aparato mundano de la Iglesia.

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