18/03/2016

Libertad o condenación eterna – Capítulo 7

El artículo de fe más cruel de todos es la supuesta condenación eterna de todos aquellos que piensen de otra forma, es decir de los «herejes». La Iglesia vaticana se encargó de hacerles la vida imposible ya en la Tierra, y se dice que en el Más allá los «santos» de la Iglesia deben poder ver las torturas que sufren los que abandonaron la Iglesia para que los llamados santos puedan disfrutar aún más su «santidad». Al menos esto es lo que afirma el Maestro de la Iglesia Tomás de Aquino. En la recopilación de dogmas, que incluye más de 700 condenaciones válidas para la Iglesia, aún hoy se amenaza e intimida por mucho que el papa Francisco intente ocultar estos hechos de forma refinada. Las Iglesias evangelistas también enseñan de forma vinculante castigos eternos en el infierno, solo que con otra clasificación de aquellos que deben ir al cielo o al infierno. Pero para hacerlo las instituciones eclesiásticas ni siquiera pueden referirse a su propia Biblia, y mucho menos a Jesús, el Cristo. En la Biblia se habla de la «Ley de Siembra y cosecha», lo que en el peor de los casos puede conllevar que el peor de los criminales sufra durante eones, pero nunca en un infierno eterno. Cristo también enseñó el Dios misericordioso que siempre ofrece Su ayuda, tanto en esta vida como en el Más allá, para que un hombre o un alma consigan la libertad interna y encuentren el camino de regreso al buen Orden cósmico, a la Unidad universal de la Creación de Dios, de la que al principio se dijo: «Y Dios vio que era bueno».

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